Georgina Navarro

I
Por qué
si en la mente la imagen surge
pura
profunda,
al posarse sobre el papel
se tuerce.

Por qué las mujeres poetas
hablan siempre de sus amantes en sus textos.
Eso aburre y da náusea.

Cierto que pienso las cosas más bellas
cuando te miro sin que lo sepas.
Hundo los dedos entre tu pelo
mientras roncas.

Pero no quiero hablar de eso,
o no sé cómo hacerlo.

II
Qué violenta ironía
el que no llegues a saber
cosas tan profundas de mí.
Tantas otras
y éstas
que sólo surgen cuando tú habitas
en ese mundo onírico
tan distante del mío
aunque vecino, aquí,
entre mis sábanas.

Yo intento, eso sí,
dejar salir esta miel
amarga
que me brota por los ojos
cuando te miro
dormido
sin que lo sepas.

Dios, más cursilería, no hay remedio.

ESTOY BOCARRIBA

Sobre la arena que huele fuerte
a pez y a sal.
Siento cómo mi piel gotea
hacia el centro
de una tierra generosa
que me llama
me recibe.

Entonces cedo a un impulso
ondulante
poderoso
—que recorre mi cuerpo al ritmo de las olas—

(Me gusta sentir cómo
mi piel se endurece,
se curte,
cual cuero de tambor,
al contacto con el agua
salada)

Quiero quedarme aquí
abandonarme
al vaivén
a la frescura que abraza
—sé que le gusto al mar
sobre todo desnuda—
hasta que llegue la noche.

Después ya no
porque le temo
a las criaturas
que serpentean
en el abismo.

Boca de Pascuales, 26 de noviembre de 2011.

 


 
 

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