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Competencias: educar las reformas y el instinto

Disculpen la tardanza, he estado resolviendo algunos asuntos personales que me han alejado de este atractivo, sedante y poderoso oficio de escribir. Tengo un par de semanas sin publicar, sin revisar a consciencia mi nueva aportación al mundo digital; un par de semanas en las que he estado pensando seriamente en el acto de enseñar, de mostrar, de transmitir. Educar, qué palabra tan alta y difícil. Parece una nube que comienza siendo una pequeña gota de algo, de humedad, de blancura, y luego se vuelve, de repente, un monzón, una cascada, un torrente de nubes que tapan la ciudad y desdoblan su estatura para caer militarmente al suelo y acribillarlo en gotas infinitas. En una metáfora, creo que eso es educar. Despertar, o tratar de hacerlo.

Desde una postura personal, no me considero un experto en didáctica o en temas netamente educativos, y las personas que están más cerca de mí, conocen mi postura sobre el trabajo que desempeño y que he venido desarrollando estos últimos años. Mucho se ha dicho al respecto. Mucho se ha tratado de polarizar. Creemos siempre estar buscando una única opinión que funcione como una poción mágica definitiva. ¿Por qué los mexicanos siempre queremos limpiarlo todo, con un poder sobrehumano que actúe y mejore las cosas, así, solamente?

No me interesa ser negativo, exageradamente crítico o ingenuo. Trato de adaptarme a los contextos, pero la realidad siempre llega como una gran piedra filosa que te golpea justo en la cabeza. Desde que la Educación se ha vuelto un medio que sirve al Sistema, ese gran monstruo que llamamos Futuro y Progreso, o que por lo menos yo llamo de ese modo, estamos casi indiscutiblemente confinados a la Competencia. No me asusta una persona competente, lo que me produce un poco de ansiedad es lo que provoca la Competencia: Competir, Polarizar, Partir, Desunir, Olvidar las Raíces, Globalizar. ¿Es eso o nos estamos enrollando en conceptos? Por lo menos, y echando un sencillo vistazo a los sistemas económicos y políticos, me atrevería a repetir lo que puse arriba: Polarizar, Partir, Desunir, Olvidar las Raíces, Globalizar. Las Competencias, desgraciadamente, nos están alejando cada vez más de nosotros mismos. Desde que tengo memoria, nunca he visto ningún curso de Maya, Náhuatl, Tseltal, o cualquiera de las cerca de setenta Lenguas que Sobreviven en nuestro país, y que desgraciadamente están en peligro inminente de olvido. Algo adentro de mí se quiebra cada vez que repaso el Verb To Be, no lo puedo evitar.

Estoy leyendo un libro de Carlos L. Olmos, filósofo y doctor en Filosofía que labora en la Universidad de este Estado. Agradezco ese libro, agradezco estas tardes de ríos interminables en el cuerpo, ríos de ideas y sudor, ríos de agua fresca. Honestamente nunca había escuchando nada acerca de los Cínicos Griegos, de su filosofía, y lo que más me gusta es que echan abajo la figura del Académico Competente; irónicamente compiten contra el sistema, mostrando a valientes, muy valientes discípulos a emprender el camino hacia sí mismos. Además de ascetas (persona que vive con lo mínimo o que colindan en la indigencia), básicamente su doctrina filosofal gira alrededor de acciones concretas que manifiestan sus ideas: en esencia ven la sabiduría como el único camino a la felicidad, respetando las diferencias y siendo responsable de sus propios actos, libertad, valor como persona y siendo conscientes de su rol en cada uno de los contextos en los que estén insertos. ¡Vaya modo de ver una Competencia! Después de leer eso, me parece, por decir sólo un poco, insuficientes todos esos perfiles universitarios, y sobre todo el cumplimiento cabal de una Competencia en un salón de clases. Me queda claro que una sociedad progresa el día en que se hace responsable de sus virtudes, de la búsqueda de la felicidad a través de los elementos que le apasiona para alcanzar y perseguir, siempre, la verdadera sabiduría. ¿Cómo le hacemos, papás? ¿Siendo obedientes? ¿Al mexicano se le olvidó que para romper las reglas primero hay que conocerlas?

En este caso, y volviendo a la figura del docente, considero que Estimular al alumno a que encuentre un oficio, una profesión que SIRVA a Sí Mismo, preferentemente.  Un alumno que tenga la suficiente capacidad de conocer sus intereses, sus deficiencias, y que Maestro y Sistema ofrezcan una plataforma que configure y represente siempre una serie de estímulos que pueda desarrollar en la intimidad del Individuo. Que aprender se vuelva una pasión, y no sólo aprender por aprender, sino aprender para vivir y vivir para aprender. Pero vivimos, y la mayoría, por desgracia, sobrevive en México.

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La belleza de las emociones: caballos sobre el infinito ciego

Hace un par de días me encontraba emocional. Sentía claramente cómo una línea de humo atravesaba mi ser. Iba por el mundo y por la vida como anestesiado; no reconocía acciones y básicos gestos de convivencia o interacción con los más próximos a mí. Desde un punto de vista patriarcal, en los integrantes del sexo femenino, se le llama: “andar en sus días”. Una vez que el individuo de sexo masculino es capaz de identificar estas emociones en su ser, el nombramiento de dicho proceso mensual debería variar. En cierta medida me parece peyorativa esa etiqueta, y nosotros como hombres deberíamos tener más herramientas emocionales para ayudar a las mujeres en ese proceso, muchas veces arduo. Supongo, casi estoy seguro, que las mujeres son capaces de vivir más cerca de sus emociones, y no por eso llevar a cabo análisis pertinentes de las mismas; aunque muchas me han sorprendido gratamente en dicho proceso inverso.

La mayoría de las personas femeninas con las que he tenido la oportunidad de convivir, están muy cerca de sus emociones; en algunos casos están más cerca del llanto que en otras. Llorar es bueno, supongo; estar cerca de las emociones es bueno, también lo supongo; hablar al respecto y lograr un análisis es positivo, de nueva cuenta las suposiciones. No estoy tan seguro de que analizar emociones tenga que relacionarse con la identificación de una identidad genérica, o más bien, lo que he estado tratando de decir es lo siguiente: los hombres también tenemos “nuestros días”. Probablemente sólo tengas uno o dos cada seis meses, o si eres “más machito”, un par cada año; o tal vez tengas más de 10 años sin llorar. No importa tu caso.

Hay dos aspectos preponderantes, y me parece que alcanzan la categoría de verdades semi-absolutas: el lenguaje es machista y las mujeres están más cerca de sus emociones; esto último no significa que los hombres no seamos capaces de poseer emociones. Sencillamente los clichés han sido responsables en un buen porcentaje de tanta tremenda confusión “emocentral”. Después de tanto barullo lingüístico, típicamente mexicano y barroco, retomo y sostengo abiertamente la necesidad de una sensibilizacion de las emociones en esta sociedad aprisionada en ideas preconcebidas. Esto solamente sucederá si las mujeres nos “zopapean” más seguido. Chicas, enséñennos a identificar estos procesos que en nosotros no son tan repetitivos como en ustedes. Aunque sus parejas se resistan por meses, casi siempre terminan convenciéndonos. No creo que tenga que buscar artículos al respecto, cierta capacidad de observación me da pistas suficientes para decir lo que aquí escribo. Sólo recuerdo vagamente que muchos filósofos privilegian las emociones; son éstas torrentes de agua clara los que nos hacen sentir vivos. Es emocionante sentir los temblores, en especial cuando se trata de una manada de hermosos y largos caballos. Es emocionante sentir las cabelleras femeninas entre tus manos, muchacho. Las emociones son como los icebergs, sólo muestran una pequeña parte de lo que el subconsciente es. Las emociones a las que se les puede aplicar torrentes de energía e inteligencia emocional, se convierten en impulsos magnéticos que indiscutiblemente buscan la luz, como las aves buscan el viento preciso para descansar en el cielo.