El cómic, a inicios del siglo XXI, lo mismo que hace sesenta años, es una forma de expresión narrativa marginal. Es el pan de cada día tener que ir a comprar cómics exclusivamente a librerías especializadas porque las librerías genéricas y los quioscos prescinden de ellos o los tienen en un rincón. escondidos y de cualquier manera. Es común ver las miradas de extrañeza de la gente porque una persona de ya cierta edad esté leyendo un “tebeo” en el metro. Es normal porque aún muchos sectores de la sociedad consideran el cómic como un pasatiempo intrascendente e infantil, sin mayor importancia que las series de dibujos de los sábados por la mañana.