(México, 1849-1873)

Descarga PDF de Poemas de Manuel Acuña

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A la patria

Ante el recuerdo bendito

de aquella noche sagrada

en que la patria alherrojada

rompió al fin su esclavitud;

ante la dulce memoria

de aquella hora y de aquel día,

yo siento que en el alma mía

canta algo como un laúd.

Yo siento que brota en flores

el huerto de mi ternura,

que tiembla entre su espesura

la estrofa de una canción;

y al sonoroso y ardiente

murmurar de cada nota,

siendo algo grande que brota

dentro de mi corazón.

¡Bendita noche de gloria

que así mi espíritu agitas,

bendita entre benditas

noche de la libertad!

Hora del triunfo en que el pueblo

vio al fin en su omnipotencia,

al sol de la independencia

rompiendo la oscuridad.

Yo te amo… y al acercarme

ante este altar de victoria

donde la patria y la historia

contemplan nuestro placer,

yo vengo a unir al tributo

que en darte el pueblo se afana

mi canto de mexicana,

mi corazón de mujer.

 

Pobre flor

 

«¿Por qué te miro así tan abatida.

pobre flor?

¿En dónde están las galas de tu vida

y el color?

»Dime, ¿por qué tan triste te consumes,

dulce bien?»

—«¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco

de un amor,

que me fue consumiendo poco a poco

de dolor!

Porque amando con toda la ternura

de la fe,

a mí no quiso amarme la criatura

que yo amé.

»Y por eso sin galas me marchito

triste aquí,

siempre llorando en mi dolor maldito,

¡Siempre así!»—

¡Habló la flor!…

Yo gemí… era igual a la memoria

de mi amor.

 

Ya verás

 

Goza, goza, niña pura,

Mientras en la infancia estás;

Goza, goza esa ventura

Que dura lo que una rosa.

¿Qué?, ¿tan poco es lo que dura?

Ya verás niña graciosa,

ya verás.

Hoy es un vergel risueño

La senda por donde vas;

Pero mañana, mi dueño,

Verás abrojos en ella.

¿Pues qué?, ¿sus flores son sueño?

Sueño nada más, mi bella,

Ya verás.

Hoy el carmín y la grana

Coloran tu linda faz;

Pero ya verás mañana

Que el llanto sobre ella corra…

¿Qué?, ¿los borra cuando mana?

Ya verás cómo los borra,

ya verás.

Y goza mi tierna Elmira,

Mientras disfruta de paz;

Delira, niña, delira

Con un amor que no existe

¿Pues qué?, ¿el amor es mentira?

Y una mentira muy triste,

Ya verás.

Hoy ves la dicha delante

Y ves la dicha detrás;

Pero esa estrella brillante

Vive y dura lo que el viento.

¿Qué?, ¿nada más dura un instante?

Sí, nada más un momento,

ya verás.

Y así, no llores mi encanto,

Que más tarde llorarás;

Mira que el pesar es tanto,

Que hasta el llanto dura poco.

¿Tampoco es eterno el llanto?

¡Tampoco, niña, tampoco,

ya verás!

 

Un sueño

 

A Ch….

 

¿Quieres oír un sueño?…

Pues anoche

vi la brisa fugaz de la espesura

que al rozar con el broche

de un lirio que se alzaba en la pradera

grabó sobre él un «beso»,

perdiéndose después rauda y ligera

de la enramada entre el follaje espeso.

Este es mi sueño todo,

y si entenderlo quieres, niña bella,

une tus labios en los labios míos,

y sabrás quién es «él», y quién es «ella».

 

Soneto

 

Porque dejaste el mundo de dolores

buscando en otro cielo la alegría

que aquí, si nace, sólo dura un día,

y eso entre sombras, dudas y temores.

Porque en pos de otro mundo y de otras flores

abandonaste esta región sombría,

donde tu alma gigante se sentía

condenada a continuos sinsabores.

Yo vengo a decir mi enhorabuena

al mandarte la eterna despedida

que de dolor el corazón me llena;

que aunque cruel y muy triste tu partida,

si la vida a los goces es ajena,

mejor es el sepulcro que la vida.