(España, 1580-1645)

Descarga Libro de Poemas de Francisco de Quevedo

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Amor constante más allá de la muerte

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera

dejará la memoria en donde ardía:

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán cenizas, mas tendrán sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

Estaba una fregona por enero

 

Estaba una fregona por enero

metida hasta los muslos en el río,

lavando paños, con tal aire y brío,

que mil necios traía al retortero.

Un cierto Conde, alegre y placentero,

le preguntó con gracia: «¿Tenéis frío?»

respondió la fregona: «Señor mío,

siempre llevo conmigo yo un brasero.»

El Conde, que era astuto, y supo dónde,

le dijo, haciendo rueda como pavo,

que le encendiese un cirio que traía.

Y dijo entonces la fregona al Conde,

alzándose las faldas hasta el rabo:

«Pues sople este tizón vueseñoría.»

 

¡Ah de la vida!” … ¿Nadie me responde?

 

¡Ah de la vida!” … ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde,

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto;

soy un fue, y un será y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

A una nariz

 

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una nariz sayón y escriba,

érase un pez espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,

érase una alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado

Érase un espolón de una galera,

Érase una pirámide de Egipto;

las doce tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,

muchísimo nariz, nariz tan fiera,

que en la cara de Anás fuera delito.

 

Fue sueño ayer, mañana será tierra

 

Fue sueño ayer, mañana será tierra.

¡Poco antes nada, y poco después humo!

¡Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo,

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

Ya no es ayer, mañana no ha llegado;

hoy pasa y es y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento

que a jornal de mi pena y mi cuidado

cavan en mi vivir mi monumento.