Brenda Rosales

ESPEJOS

Los espejos bailan,
se palpan sin usar las manos,
se palpan con los ojos y la mente.
Derecha, izquierda, derecha;
un par de vueltas.
Pies que rompen el suelo
zapatos flotantes…
Grotesco y sensual momento,
hombría y feminidad en uno solo.
Caricias torpes que conversan con la sonrisa de los ojos
la seguridad y el terror en el pulso
matizan el fino baile,
la danza futura será salvaje;
cuerpos entrelazados
en rincones sombríos,
miradas gatunas que hábilmente encuentran
el calor húmedo del que es uno y es dos,
del espejo con manos;
con alma y cuerpo agua.
Música,
bendito pretexto para tomar la mano del otro
acompañar su latido,
volar despacio a un ritmo recio.

Cadencia innata;
voz silenciada…
no hay mirada que necesite un sonido.
No hay sonrisa que necesite una palabra.
Los besos, las caricias son los que dicen
en la noche de los espejos.

TACTO

La piel exige tacto,
se luce y exhibe de a poco
para ser tentada.
Emite señales satisfecha del fuego interno
que se concentra y desliza
en la vellosidad erizada.
Cabello,
se enrosca en las manos de quien
se atreve a tocarlo.
Seduce en la lejanía
de lo cercano.
No es uno tocando al cabello;
es el cabello tocándolo a uno.
Cuello,
curvatura suave
apta para mordidas
que desemboca en los hombros.

Vampírico y ferviente deseo de comer
la carne de quien se toma por los hombros.
Senos,
cóncavo sitio de reposo;
cáliz de sudor embriagante…
una esfera partida en dos
coronada por un par de perlas
que se contraen y tornan en marrones colores.
Según el tacto es la forma
y la temperatura de ellas.
:::El frío también arde:::
Abdomen,
centro del cuerpo…
tan es arriba cómo es abajo.
Surcan los
músculos agitados
del aire que se lleva dentro;
del aire que se pierde mientras se sigue bajando.
El ombligo es un ensayo,
una prueba de que se tiene un escape.
Una entrada a la salida.
Piernas,
par de navajas
filosas y suaves
construidas por un par de ingles;
un par de muslos,
un par de pantorrillas.
Par hecho de pares,
se fracciona el mundo
en ambas partes.
Lunares y vellos
que cantan al unísono
al ser tocados.
Tobillos y puente.
Todo comienza y termina aquí,
todo comienza en el arco que se contrae
y se extiende involuntariamente.

CADENCIA

La ropa se ajusta al movimiento acelerado
de los cuerpos,
bailan rompiendo todo compás y todo ritmo,
atraviesan el umbral de la música
donde el silencio conduce.
Alcohol disuelto en la sangre
latidos hondos
luces de colores
sombras que van y vienen
un bullicio y un encuentro.
Par de desconocidos que se atreven a besarse;
lenguajes que siendo distintos conjuntan un mismo objeto,
germina en los ojos la complicidad, la valentía.
Un beso de mezcal

un beso de cerveza,
un beso de música,
de pieles y sudores primeros;
un apretón certero e inesperado
asiente el otro cuerpo ya ausente de sí.
El progreso es inevitable,
se mudan los cuerpos a la oscuridad,
la luz ya es demasiada.
Alguien más en el mismo sitio
se conduce sola,
la fricción en sus articulaciones
dirige un estallido,
un estallido atrapado entre sus piernas
y un borde de madera
que vibra cual decibel emergente.
Son las manos del hacedor de sonidos;
cada mirada es un tacto nuevo
en un sitio distinto.
Sube desde los tobillos hasta las piernas
va por el abdomen para bajar de nuevo
las manos de la mujer en llamas
ayudan al voyeur que a la distancia
se integra al acto de unidad y comunión conjunta.
Sigue el sonido escalando hasta el pecho,
la ropa juega con el cuerpo y expone fragmentos de piel;
carnada sin anzuelo,
tiro al aire…
el preso que espera ser liberado

se apresa a sí mismo
por el deseo de tentar y ser tentado.

SUERO DE LA VERDAD

La boca del universo duerme apacible, oculta por un par de piernas.
El secreto que se oculta entre esas piernas intenta liberarse,
su boca, secreta un suero que contiene la verdad absoluta.
Es la reacción ante el Big Bang que sucede dentro del cuerpo,
es esa la verdad. Quien se es realmente.
Por eso es tan receloso el cuerpo,
un par de dedos tienen la capacidad
de hacer hablar o silenciar los labios del universo del cuerpo.

 

 


Brenda Alejandra Rosales Peña (31 de enero de 1991). Es estudiante de la Licenciatura en Letras Hispanoamericanas de la Universidad de Colima. Escribe semanalmente la columna “Un abrazo y un café” que se publica en El Comentario Semanal. Colabora constantemente en el suplemento “Ágora” del Diario de Colima. Recientemente obtuvo el tercer lugar en un concurso de cuento erótico organizado por la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.


 
 

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