Frente a su escritorio, no se decide cómo proceder ante un montón de libros y testimonios sobre la pintora surrealista, Leonora Carrington, pero cuenta con sus recuerdos que la llevan a Paseo de la Reforma a lado de la inglesa y entonces, la ve más surrealista que nunca. “Ese sitio le gustaba porque los faroles tenían un aire muy europeo” confiesa la periodista Elena Poniatowska a propósito de su Lenora que le valió el Premio Biblioteca Breve 2011. Una novela extensa porque no podría ser de otra manera.

Las casi quinientas páginas recorren, detalle a detalle, los semblantes que va tomando la mujer de viento que renunció a su vida burguesa porque no correspondía con el arrojo de su espíritu. Se decantó por el camino del abismo: el arte. En esta senda encontró pájaros, caballos (que tanto le fascinaban en su niñez) y abrió una puerta que conduce hacia lo insondable de sí misma. Esa puerta no la pudo cerrar del todo. Leonora, lo sabemos, no fue la mujer -madre, esposa- que pintó flores en la serenidad de su hogar. Poniatowska, provista de insumos favorables para cualquier escritora, seleccionó y tejió aspectos de la vida de Carrington, devolviéndonos a una pintora nítida, de carne y arte. Organizada en 56 capítulos, la novela inicia con una espléndida imagen que pareciera la gota que derramó la magia:

Sobre el mantel de la mesa del comedor se agrandan los platos y los cuatro niños, Patrick, el mayor, Gerard y Arthur desayunan porridge; a Leonora le disgusta pero la niñera, Mary Kavanaugh, dice que en el centro del plato de avena encontrará el lago Windermere, el más bello y más grande de Inglaterra. Entonces la niña, cuchara en mano, come la avena desde la orilla y empieza a escuchar el y mira cómo pequeñas olas se frisan en su superficie porque ha llegado al Windermere” (9).

Pero no todos los episodios tienen este tono. Poniatowska ha destacado los momentos más intensos de la pintora. Vemos, en primera instancia, a un padre acaudalado que le provoca un conflicto casi existencial. Luego conocemos a la Leonora adolescente, transgresora, deseosa de ir más allá de lo acostumbrado por las señoritas de sociedad. Cuando conoce a Max Ernst, con quien sostuvo una cándida relación, se dispara su universo íntimo y aflora su personalidad creadora. La relación se truncó mientras vivían en el poblado francés, Saint Martin d’Ardèche, ya que gendarmes alemanes se llevaron al pintor a un campo de concentración. La novela también retrata su terrible episodio en un hospital psiquiátrico en Santander, España, su reencuentro azaroso con Ernst y su matrimonio con el poeta mexicano Renato Leduc. Leonora Carrington llega a México en 1942. Poniatowska recrea a una mujer sorprendida ante las costumbres mexicanas, las calles soleadas, los perros sin dueños. Pasmada ante las corridas de toros que tanto gustaban a Leduc y ella odiaba. Leonora y Renato terminarían divorciándose. También aparecen varios rostros artísticos embadurnados por el surrealismo y movimientos de vanguardia. Desde luego, el fotógrafo “Chiki” Weisz con quien se casó y procreó dos hijos, Gabriel y Pablo, quienes, cabe señalar, fueron estudiantes activos del movimiento del 68. Elena Poniatowska apostó por la novela extensa porque contaba con el material necesario: el inverosímil mundo de Leonora Carrington. Una novela para leer con tiempo y disponerse a la ensoñación.

Referencia:

Poniatowska, E. (2011). Leonora. México: Seix Barral.