Por Oscar Robles Ahora que tengo su frágil atención, estimado lector, paso a mencionar lo que la poesía me ha regalado. Además de conseguirme varios pares de citas, debo hacer hincapié en que la poesía es el modo más fino de la inteligencia. Me instruye en el arte de ordenar. Me alecciona en la sutil sabiduría de imaginar (y mire que el propio Einstein dijo que es mejor la imaginación que la inteligencia). Tener armonía e imaginar permite que el espíritu se divierta, se regocije y apele a la emoción más pura. En un poema adecuado usted debe ser capaz de encontrar un buen par de senos, o una redonda y voluptuosa pareja de nalgas, que en esencia, son el origen mismo de la felicidad. En su búsqueda de poemas, usted también podría encontrar un hombre tirado en la cama de un quirófano, donde pueda apreciar milimétricamente el interior de su pecho: un corazón que se parece al suyo y late con la fuerza de un caballo o un huracán. En la poesía, en el interior de sus páginas, va ir encontrando su propio cuerpo, el mismo eco de su voz como si fueran aves que flotan en algún abismo. Ejercer el lenguaje de la poesía permite acostumbrarse a los cambios, a la sorpresa. Leer poesía nos vuelve, de cierto modo, libres; seres expectantes e inconformes. Nos permite vislumbrar cambios humanos que en esencia representan la fuente de toda Revolución. Mire que el propio Baudelaire, en alguna ocasión dijo que todo artista (y estoy seguro que cualquier lector serio de poesía es una real forma de artista), se vuelve crítico. Cambio crítico. No cualquier modificación. Un verdadero lector y productor de poesía va a actuar, va a hacer de la palabra y el lenguaje una extensión constante de su día a día. Los demás son borreguitos. Finlandia es el número uno en educación; por lo tanto, la gente tenía que leer libros para poderse casar y aspirar al sexo. Poder hacer del amor una realidad. ¿Quiere una vida sexualmente activa? Los nutrimentos de la vida los tiene al alcance de una buena biblioteca. Lea poesía. libro rosa