Hace un par de días me encontraba emocional. Sentía claramente cómo una línea de humo atravesaba mi ser. Iba por el mundo y por la vida como anestesiado; no reconocía acciones y básicos gestos de convivencia o interacción con los más próximos a mí. Desde un punto de vista patriarcal, en los integrantes del sexo femenino, se le llama: “andar en sus días”. Una vez que el individuo de sexo masculino es capaz de identificar estas emociones en su ser, el nombramiento de dicho proceso mensual debería variar. En cierta medida me parece peyorativa esa etiqueta, y nosotros como hombres deberíamos tener más herramientas emocionales para ayudar a las mujeres en ese proceso, muchas veces arduo. Supongo, casi estoy seguro, que las mujeres son capaces de vivir más cerca de sus emociones, y no por eso llevar a cabo análisis pertinentes de las mismas; aunque muchas me han sorprendido gratamente en dicho proceso inverso.

La mayoría de las personas femeninas con las que he tenido la oportunidad de convivir, están muy cerca de sus emociones; en algunos casos están más cerca del llanto que en otras. Llorar es bueno, supongo; estar cerca de las emociones es bueno, también lo supongo; hablar al respecto y lograr un análisis es positivo, de nueva cuenta las suposiciones. No estoy tan seguro de que analizar emociones tenga que relacionarse con la identificación de una identidad genérica, o más bien, lo que he estado tratando de decir es lo siguiente: los hombres también tenemos “nuestros días”. Probablemente sólo tengas uno o dos cada seis meses, o si eres “más machito”, un par cada año; o tal vez tengas más de 10 años sin llorar. No importa tu caso.

Hay dos aspectos preponderantes, y me parece que alcanzan la categoría de verdades semi-absolutas: el lenguaje es machista y las mujeres están más cerca de sus emociones; esto último no significa que los hombres no seamos capaces de poseer emociones. Sencillamente los clichés han sido responsables en un buen porcentaje de tanta tremenda confusión “emocentral”. Después de tanto barullo lingüístico, típicamente mexicano y barroco, retomo y sostengo abiertamente la necesidad de una sensibilizacion de las emociones en esta sociedad aprisionada en ideas preconcebidas. Esto solamente sucederá si las mujeres nos “zopapean” más seguido. Chicas, enséñennos a identificar estos procesos que en nosotros no son tan repetitivos como en ustedes. Aunque sus parejas se resistan por meses, casi siempre terminan convenciéndonos. No creo que tenga que buscar artículos al respecto, cierta capacidad de observación me da pistas suficientes para decir lo que aquí escribo. Sólo recuerdo vagamente que muchos filósofos privilegian las emociones; son éstas torrentes de agua clara los que nos hacen sentir vivos. Es emocionante sentir los temblores, en especial cuando se trata de una manada de hermosos y largos caballos. Es emocionante sentir las cabelleras femeninas entre tus manos, muchacho. Las emociones son como los icebergs, sólo muestran una pequeña parte de lo que el subconsciente es. Las emociones a las que se les puede aplicar torrentes de energía e inteligencia emocional, se convierten en impulsos magnéticos que indiscutiblemente buscan la luz, como las aves buscan el viento preciso para descansar en el cielo.