concrayones

No hay tiempo para nada. Menos si tienes un bebé de cinco meses. El tiempo, en la maternidad, se va como un río precioso que no tiene prisa, sólo corre. Pero hay que guiar su cauce. Saber dividir el día, hacer matemáticas y malabares. Eso sí, la vida pasa volando; recuerdo mi embarazo como un apacible estado de ensoñación (lo digo sinceramente) y hoy escribo mientras el niño duerme. Ya reconozco sus formas, sus sonrisas, sus gestos más tiernos. En un parpadeo, me veo dejándolo en la escuela. Está bien, dejemos el futuro porque quiero hablar del presente ¿El presente? Dan ganas de cambiar de tema y pregunto lo que nunca creí: cómo y qué se le dice a un hijo sobre el país que le tocó, con qué colores podemos representarlo… rojos, verdes, ¿blancos? Quizá no sea necesaria la explicación, bastará con ir por aquí, por allá, con ver los gestos de los rostros familiares, dubitativos, entre la risa y el llanto, exigiéndole al aire o al gobierno una explicación. Y en eso, no hay cauce que se pueda guiar.