Tecatas del tiempo

La guerra, la vida, el dinero, el agua que se escurre por el baño…

Matar, matarnos, enterrar cuchillos y dientes en el alma de todos es ya un deporte oficial. Trato de configurar algo en  la cabeza, estoy buscando ideas que formen o más bien conformen algo que se parezca a la identidad. Me detengo. Afuera, no importa dónde, la gente está matando gente. La razón al parecer es la misma que ha motivado generaciones enteras: dinero. Enciendo el sahumerio. Estas Tonne me calma. Mis ideas se calman un poco. El temblor de mi quijada cesa. ¿La identidad de qué? ¿Del vacío, del respeto pleno al otro?

Sé perfectamente de dónde proviene el agua con la que lavo mi cuerpo, cuando estoy en Colima. Proviene de un cerro que todos conocemos. Un cerro alto y poroso que recibe importantes cantidades de lluvia al año. Esta cualidad, hace que mantos acuíferos se llenen sin dudarlo y que la zona metropolitana de Colima tenga líquidos todo el año. Ayer estuve limpiando mi casa, pequeña, de 4 metros por 4. El agua se va diario, el agua desaparece casi por tres horas todas las tardes, desde las seis de la tarde hasta las nueve, nueve y media de la noche. También leí una nota donde hablaban de unas colonias en la ciudad de Colima que se quedaron sin luz durante más de tres meses, no sé si más o menos, pero sí era una cantidad exagerada de tiempo sin luz. No tienes luz por las noches, muy bien; pero ahora todo funciona con luz: el celular dónde lo conectas, las máquinas funcionan tomando corriente, haciendo contacto con el humo de la existencia, ¿cómo conservas la comida? No entiendo cómo lograron sobrevivir las familias que estuvieron así!!!! No entiendo, todavía no logro captar, entender el hilo lógico… ¿Por qué la gente usa banderitas de Francia en sus fotos de perfil? ¿Aquí en México no se habla de los muertos que llevamos? ¿No se habla de las personas que tuvieron que comprar hielo DIARIO para combatir el calor de noviembre, un calor hecho por nosotros, por nuestra estúpida incapacidad de mantener el fino equilibrio climático y ambiental…

Hay diversas formas de matar, me consta. La más efectiva la han puesto en funcionamiento en este país. Si supusiéramos que existe una raza alienígena que se ha instaurado en varios de los países más ricos en cuanto a recursos naturales, por ende, más ricos en cuanto a vida… El sistema que han llevado a cabo, de matar poco a poco, a través de la educación, del machismo impuesto… ¿Quiénes eran esos barbados que atravesaron el mar? ¿Eran españoles? ¿Quiénes fueron los enemigos de los Mexicas, de los Mayas? ¿Alguien ayudó a construir las pirámides que tenemos? Matarnos poco a poco, con cucharaditas… Se necesita más mano de obra barata, y por ende, mayor crecimiento económico… ¿Para qué se necesita más dinero? ¿Por qué razón necesitamos más dinero? Porque somos más, porque al ser más necesitamos más y más… E internet se ha vuelto la única salida similar al suicidio… ¿Y esto alguien lo lee en internet? Algo me dice que no importa… Algo me dice que este mundo está agarrado por hilos invisibles de fuerzas que no comprendemos, y que han instaurado un sistema de pensamiento auto-destructivo en el ser humano. Estoy a pocos días de vivir tres décadas. Estamos rodeados de autodestrucción. Y matar poco a poco parecer ser lo que mejor funciona. Todavía recuerdo cuando con cinco pesos podía comprar un Gansito, tenía la confianza, casi plena, de ir a la tienda y comprar algo que no me envenenara, con tan sólo cinco pesos, o menos, podía comer una increíble golosina. Ya no confío en la piña que está en mi refrigerador, no sé con qué pesticida la configuraron. Es muy pequeña y costó más de veinte pesos.

Matar. Separar. Volver extraños. No lo sé, no me interesa demasiado rastrear el orgien de la palabra, pero intuyo esa idea en el verbo: matar. Ahora inventan enfermedades que no había escuchado jamás; hace quince años no llegaba ningún huracán en NOVIEMBRE, y por supuesto los huracanes traían lluvia, no sólo nubes secas, la canción de Gun´s and roses era un mito. Matar, poco a poco, ir enterrando la división de todo en todo.

¿Quién financia la guerra, Estados Unidos, quién financia a Estados Unidos? ¿Debemos quedarnos solamente con estas preguntas, escribirlas para que nadie, en ningún sitio las lea?

david

Corazones a la David

corazon

Yo me enamoré de un chico que se llama David; cuando uno está clavado no debería escribir nada porque todo resulta un avispero remielero y ya traicionando la razón, ni cómo hacerse la ilusa. Escribo corazones y ando comiendo corazones a la David. Quiero contarles, ya sé que no les importa, pero con la necesidad de platicar un chisme, sucedió así: La cosa se puso buena cuando lo vi llegar un tanto cómico y pelón; empezó a bailar como un loco, se bajó los pantalones y le enseñó las nalgas a su amigos; me recordó a mi hermano y en mi mente lo puse cerca; pensé que podía reírme con él, pero él ni me vio, más bien, me ignoró.
Así que aburrida me besuqueé a uno de los de la fiesta; vivía la época del aburrimiento y cuando iba a una reunión y me aburría, buscaba a alguien que me diera mordidas, sin importar de quién se trataba. Así que elegí un conejito blanco que andaba por ahí como conquistador y le dije –bésame en la cocina- y entonces me olvidé un tiempo de ese muchacho alegre que había llamado mi vida. Después de sentirme con historias alteradas y aleatorias y tonterías en menú completo, David me buscó para invitarme a salir, yo ni le creía, porque lo hacía lejos, en el D.F; ni le contestaba, hasta que me dijo que se había venido a vivir a Colima.
Un día, estando con mi amiga Aurora, nos pusimos a reírnos de varios atrevidos por el Facebook, a todos les decíamos cosas cursis y ellos contestaban bochornosos. Allí cayó el David, luego me prestó dinero para enviar unos poemarios al premio Aguascalientes -momento iluso de mi vida- (por favor, esto sí tómenlo en serio, no anden mandando poemarios a concursos, no los tomarán en cuenta si no están relacionados con los poetas de escena nacional, aunque me oiga mal, es de neta, al menos que suceda un milagro).
David llegó sonriente, con una camisa de cuadros y unos zapatos cafés, siempre había andado con batos de convers y música derrumbada. Yo traía un ojo morado como virgen de las tinieblas, mi hijo Lamar me había aventado una biblia; como en casa mis papás son cristianos, tienen biblias como platos y cucharas. Obvio que no quería salir con el ojo michi, pero la Aurora me dijo que lo hiciera, que le topara. Al final salí sonriente, como creyendo que eso lo arreglaba todo, me senté en una mesa de aquella librería donde quedamos de vernos. Antes de él, había tenido dos Davides más, así que pensaba que el tercero podría significar otra aventura chistosita, pero estaba emocionada, nerviosa, hablaba mucho, más de lo que común, luego me callaba como en pensamiento oportuno.
Me invitó a salir para fumar un cigarro, estábamos con ganas de sonreír a cántaros, me tomó una foto con su celular, me dijo que ganaría ese premio, que él estaba seguro de mi habilidad. Ahora que sabemos la verdad, creemos que el tiempo es sorpresivo. Luego me invitó en la noche a la Chopería, me besó, me prometió que me iba a llevar a un concierto de Juan Gabriel, le dije que yo quería cantar el Noa Noa. Fuimos por unos tacos fresas; malos y caros. Nos sentamos en una casa bonita, de esas de la avenida Carranza. Le conté mis casos de la vida real, le dije que andaba mal, que estaba muy golpeada, que no me importaba soñar; me abrazó, dijo que él estaba igual, que había estudiado inglés, que era ingeniero en sistemas, que también tenía un hijo.
Subimos a un taxi y me quedé dormida, desperté en la puerta de mi casa; llamó a otro día para decirme que durante todo el camino me vio dormir. Me dio vergüenza. A los dos días regresó a mi casa, con una mochilita, como un niño bueno conoció a mi pequeño Lamar, fuimos a pasear con la tía Vianey. Me dijo que quería volver a reír.
Como a mí me gusta la gente seria, muda, sin habla, creo que hice una excepción con David o lo hice porque me habían cansado los chiquillos menores, a mí que tanto me fascinaban. Me cautivaba la gente silenciosa pero ahora me producen una gran desconfianza, me dan miedo y les huyo. También estaba cansada de esos hombres que sólo ven y hacen muecas con los ojos y les da miedo la gente escandalosa como yo. Claro que el equilibrio es una noción irreal, porque yo no suelo ser esa persona medida. Tampoco quiero presumir de esa imprudencia que me ha caracterizado, ahora ando más tranquila, de verdad, aunque no me lo crea, ya me están entrando los treinta, ya me han dado cabezazos, me he peleado y he mordido.