noseolvida2

Aquel no fue un día soleado.

Si los mexicanos lo hubieran entendido de esa manera se hubieran abrazado los unos a los otros, hubieran apagado el televisor, botado al gobierno, cancelado las olimpiadas, limpiado la sangre con sus propias manos, hubieran roto las cadenas, derribado los muros, las castas, la apatía, la abominable idea de ser modernos a punta de fusil y miseria. Pero esa no es nuestra conciencia nacional.

Aquellos chicos de 20 años tienen 45 años muertos y no, a pesar de las amnesias forzadas, no se han curado las heridas, todavía hay asignaturas pendientes, madres que los esperan, hermanos sin hermanos, el olor del vacío, de la ausencia y un dolor que nuevamente se encuentra con fusiles, muros y granaderos en las calles. Algún día vamos a despertar es una pregunta que se repite en un nido de silencios ¿algún día? ¿despertar? ¿los mexicanos?

Hemos pagado el precio del olvido, una y otra vez, hemos gritado el nombre de nuestra patria en vano, hemos desfilado y obedecido, hemos llenado nuestros ideales de mentiras, y con la frente en alto y el discurso por los cielos nos han despojado de la dignidad y del amor al prójimo. Hemos pagado el precio del olvido todos los días de nuestra mutilada existencia.

Recordemos, pues, cuando regrese la noche, que los días no han sido soleados, que los héroes siguen vivos en los libros olvidados, que somos semillas y tierra y río y aire y sobretodo hermanos, recordemos que la esperanza nunca muere y la dignidad resucita, que estamos aquí sólo un momento, que es fugaz y eterna nuestra vida, regresemos al corazón, a la vida, a esa rebelde y dolorosa alegría.

Los puños ondulan en las calles, la juventud vuelve a nacer, no estamos solos esta vez, la memoria nos acompaña, de la mano, reclamando el lugar justo en la historia y en el día a día, no están solos compañeros, no hemos olvidado el llanto ni las balas que los embarraron de noche, somos hijos de su misma sangre, y aunque aún pocos, la vida, nuestra, va también por ustedes.

Y seguimos adelante.

 

Miguel Olmedo Valle

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