CAUDAL ÓPTICO

Una parvada de Signos deglute con sus cristales
El estupor que se ilumina.
El oído del diluvio deja abierta la jaula de sonidos
Que flotan en el borde de la imagen.
Se desdobla un espejo en el fondo de la vista:
Hilos de piel costuran los símbolos.

CRISANTEMO

Cristalinos puentes brillan al final,
La linfa parpadea refracciones inconclusas,
En la nube de la luz ondea un surco,
Se agita inmóvil hasta borrar
El cuadro de las sangres.

PANTEÍSMO INORGÁNICO

Los diamantes del ultramar nacen de mi dama
menstruando un tiempo que no contiene latidos,
blando como la forma atiborrada de vahos desacelerando
el fruto perpetuo de la carne en el ayuno iridiscente,
mis bronquios son un circuito de espigas
donde bebe la mujer del instante toda sombra que se yergue.

Así,

los cinéticos universos solo vieron
barros de lamentos

en la calefacción bondadosa

donde los labios de pieles

juntaron sus ramas atisbando

un bucólico ídolo

en el agua del reposo.

DAMA DE NEGRO

Las ventanas de luz soñaban con su espuma entre pámpanos y sangres que nacían la conciencia.

NIEBLA DE SOL

Donde la boca del alba siembra tus labios
el agua corre hasta el caudal del sueño,
se desata toda tu piel hasta
callar la noche como un alma que gime
sobre los focos de aceite
que tiñen los espejos,
disipan todas las aguas en tu color
despertando en lienzos donde
los bondadosos racimos se abran
como la arena entre los ojos,
figuras de ángel se incrustan en los tallos
hasta que tu vientre anidando los poros
dispersos en los pastos de aire donde va nuestra vida
refracta una gota de ceniza
como todas las lecturas
del barro que transporta nuestra carne.

POEMA
Un tallo se derrama
verbalizando
los oídos que brotan
desde el ventanal
donde dialoga la luz.

LAGO VOLÁTIL
Las mujeres saben que el sueño
descalzo sobre el umbral
no es una piel de algo
sino la espora deglutiendo
todo el paisaje inamovible:
la nieve que es liquido vientre
de flor eyaculada desde la superficie.
se vierten desde las bisagras
como un diluvio que consagra toda la
amputación del cardumen,
y piensan el latir desde una sombra que arrecia las nubes,
acarrean todo hasta ese arroyo
donde sangran las espigas,
dejando el todo al aire:
ciénega retratada.