Adan y Eva en el Paraiso por Jan Van Scorel

Adan y Eva en el Paraiso por Jan Van Scorel

Adán silbó
Eva no estaba
Adán fue feliz.

 

OLD MAN
La vida es breve
y mis plegarias son inmundas.
Escúchelas aquel
que pueda oírlas…
Un compañero me ha dejado
y a esta tierra soy ajeno.
Hacia donde me dirija, hay un dedo
señalando con escarnio el camino
que me conduzca fuera de su patria.
¿Pero, a dónde podre ir siendo viejo?
Mi compañero era joven y presto
a socorrer mis necesidades…, mas ahora,
si camino, los huesos me atormentan,
lo soporto, pero quién me alimentará.
Pues cuando ando lo hago para rogar;
para apelar con fe a la magnanimidad del hombre.
Oigo murmullos; mis ojos aprecian sombras,
mi cuerpo recibe escupitajos y empujones…

 

Morphée

Me ha secundado la mirada tuya
a lograr soñar como un plácido
infante, al caer en mi memoria
aquellas pupilas fascinantes.
Aun lánguido, febril, y agonizante
hallase mi cuerpo su estancia
en el mundo sofocante;
siempre en el onírico palacio
mi esperanza se aferrará a tus ojos.
¡Así que no tardes más en completarme!
Cómo sombra fiel te seguiré hasta el borde del río Nepente
y aunque me obligues a sumergirme en él, jamás te olvidaría.
Arden unos verdes leños,
en lo que inició como un benigno sueño.
De repente, en la cabaña de mis suspiros donde mohíno y calinoso
se volvió el entorno: brotó una espesa bruma de infortunio y de despiadada negrura, que mandó en contra mía
a unas extrañas sombras; para acechar con saña a mi alma trémula y abatida. Pero la penumbra se quebrantó…
¡Y, triunfante! ¡Triunfante! ¡Triunfante!
¡Llegó el sol a encantarme!
Oh, sinfónico y beneplácito sonido…
Aquel ígneo coral hizo su llamado y con ansias, ahora le he respondido:
Te ruego bella mujer que urjas tus pasos.
Ven a limpiar mi faz que está en llanto.
Ven a desatar los gélidos lazos
que frenan a la mártir ventura que en mis manos
se resguarda con celo santo.
Que tu piel fresca conceda la salud
a mis heridas, y tu frente se corone
de las flores más hermosas, de aquellas
que se acuestan sobre los rosales
y por los nardos son perfumadas,
las que enjoyan soberanas al prado
de la siempre menospreciada gratitud.
Que el brillo de mi cara la tuya sonroje;
y tus caricias enciendan a mis mejillas y las ataduras arrojen
en el abismo devorador de los mares.
Pero a pesar de toda amada benevolencia
que tan sólo con la autoridad de los sueños
puedo yo recrear.
Qué sea deseo de Dios que nunca en tierra
de Morfeo me puedas besar.
Que nunca imploren tus sonrosados labios a los míos, que tan secos, fantasmas que deambulan, son ya.
Aquellos despojos míos; tu boca jamás toquen, porque si no, lo más terrible sucederá…, pues, cuando tus pétalos labios me rocen, tendré, maldito Yo, que despertar.


 

Melbin Fabián Cervantes Chan. Nacido en Cancún, Quintana Roo, México, el 29 de abril de 1991. Poeta participante en los «Juegos Florares a Cozumel 2014»; obteniendo lugar honorifico. Ha colaborado para revistas como Sak-ha de la escuela de escritores de Yucatán y con la revista literaria electrónica: FACTUM. Actualmente está por cursar la licenciatura en letras latinoamericanas.